
Bueno… pues sí.
Ya estamos a día 4. Técnicamente esto tendría que haber estado publicado hace unos días, pero también os digo una cosa: teniendo en cuenta que todavía hay gente comentando el juego de febrero, pues sinceramente, ni tan mal. Aquí llevamos el calendario con la misma precisión con la que llevábamos antes las cajas de disquetes etiquetadas con “cosas” o “bueno este sí funciona”. Así que vamos tirando.
El caso es que toca mayo y el elegido es Catacomb 3-D (1991). Y este sí que me hace gracia traerlo, porque es de esos juegos que, si no llevas años metido en esto, igual ni te suena demasiado… pero en realidad estás viendo a un montón de cosas futuras intentando abrirse paso a codazos.
Porque claro, hoy hablas de id Software y todo el mundo piensa en Doom, Quake, los marine hormonados y los ordenadores echando humo. Pero antes de todo eso hubo una época en la que estaban probando cosas, a veces casi en público, y Catacomb 3-D tiene muchísimo de eso. Es como mirar un taller lleno de piezas a medio montar y darte cuenta de que algunos de esos cacharros acabarían cambiando medio videojuego de PC.
Y ojo, que cuando digo “3D” tampoco os vengáis arriba. Esto tiene el 3D de aquella época, el de “bueno… técnicamente sí”. Pasillos, enemigos acercándose hacia ti con esa sensación tan rara de cartón animado asesino y paredes que parecen pintadas con rotulador grueso. Pero claro, en el momento aquello debía parecer brujería.
A mí además me gusta mucho porque todavía conserva algo muy de videojuego viejo, de cuando no daba miedo ser raro. Eres un mago lanzando bolas de fuego por corredores imposibles mientras recoges pergaminos y llaves en un universo que parece construido por alguien que llevaba demasiadas horas despierto. Hay una especie de inocencia extraña ahí, previa a cuando el FPS empezó a tomarse tan en serio a sí mismo.
Y luego está lo divertido de jugarlo hoy, claro. Porque el cerebro moderno tarda un rato en reajustarse. Al principio parece lentísimo, simple, casi torpe… hasta que empiezas a entender lo que estás viendo y de repente te entra esa sensación peligrosa de “ah, vale, es que por aquí iba la cosa”. Y ya te tiene.
Así que nada, la propuesta de este mes sigue siendo la misma de siempre: darle una oportunidad de verdad. No hace falta acabarlo, ni estudiarlo como si esto fuese una tesis. Simplemente jugarlo un rato y venir luego a contar qué os ha parecido. Si os habéis aburrido, si os ha sorprendido o si habéis tenido uno de esos momentos incómodos en los que te das cuenta de que estás disfrutando sinceramente de un juego con paredes planas y enemigos que parecen recortables.
Que, honestamente, es una sensación bastante MS-DOS Club.