Bueno, pues llegamos a junio.
Y lo primero que voy a decir es que este mes probablemente vamos a perder participantes por el camino. No pasa nada. Es ley de vida. Hay juegos que te atraen con explosiones, monstruos o plataformas, y luego están los que te reciben con un mapa, un montón de unidades y una mirada que parece decir: «siéntate, que vamos para largo».
El juego de este mes es The Perfect General (1992).

Y reconozco que tenía ganas de llegar a él, porque representa una parte muy concreta del PC clásico que muchas veces queda fuera cuando hablamos de retro. Siempre salen los mismos nombres, los mismos géneros y los mismos héroes de portada. Pero durante años hubo una legión de jugadores que no buscaban correr, saltar ni disparar más rápido que nadie. Lo que querían era pensar. Bueno, pensar y luego descubrir que su brillante plan se iba al garete en el tercer turno.
Porque The Perfect General es uno de esos juegos que te recuerdan que el PC fue durante mucho tiempo el hogar natural de la estrategia. No porque tuviera mejores gráficos que nadie, sino porque te permitía sentarte delante de una pantalla durante tres horas para mover unas cuantas fichas y terminar la partida convencido de que la culpa de la derrota había sido de todo el mundo menos tuya.
Lo curioso es que, visto hoy, tampoco parece gran cosa. El apartado visual es sobrio siendo generosos y espartano siendo sinceros. No hay espectáculo. No hay artificio. Todo está puesto al servicio de una idea muy simple: darte herramientas suficientes para que seas tú quien tome las decisiones equivocadas.
Y me gusta mucho traerlo precisamente por eso.
Porque cuando hablamos de historia del PC solemos hablar de revoluciones técnicas. El scroll de Commander Keen. Los primeros FPS. Las aventuras gráficas. Pero también hubo una evolución silenciosa, menos vistosa, en la forma de diseñar sistemas complejos. Juegos que confiaban en que el jugador era capaz de aprender, experimentar y equivocarse sin que nadie le estuviera guiando de la mano cada treinta segundos.
Y sí, ya sé lo que algunos estaréis pensando.
«Esto tiene pinta de ser más trabajo que diversión».
Es una posibilidad.
Pero también os digo que muchas veces los juegos que menos te apetecen son los que terminan dejándote pensando en ellos varios días después. Porque aquí no vas a recordar una secuencia espectacular. Vas a recordar aquella maniobra que parecía brillante hasta que descubriste que habías dejado media línea de suministro al descubierto como un auténtico genio militar.
Así que la propuesta del mes es la habitual: instaladlo, jugad unas partidas y venid a contarlo.
Tengo verdadera curiosidad por ver qué pasa con este. Habrá quien rebote a los diez minutos, habrá quien descubra que tiene más paciencia de la que creía y habrá quien termine buscando el manual para entender qué demonios está pasando.
Y, sinceramente, todas esas experiencias son válidas.
Porque una de las cosas bonitas de este experimento que llevamos ya medio año arrastrando es precisamente esa: comprobar no sólo cómo eran los juegos, sino cómo reaccionamos nosotros a ellos ahora.
Nos leemos en los comentarios. Y si alguien consigue convertirse en el General Perfecto, que tenga la decencia de no restregárnoslo demasiado. Aunque bueno… siendo un foro retro, tampoco contaría con ello. 😄